Lo importante no es necesariamente ser fuerte, sino sentirse fuerte. Para medirse a si mismo, al menos una vez. Para encontrarse en las condiciones mas primitivas. Y enfrentar la ceguera y la sordera sin nada que te ayude, salvo lo que puedas hacer con tus manos y tu propia cabeza.
Así, llega la batalla culminante para matar al falso ser interno y concluir triunfalmente la revolución espiritual.

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